Sabía que esas fronteras no se debían cruzar, pero sin querer y a causa del placer, avanzé.
Ahora estoy un poco desorientado, no hay firmeza bajo mis pies, son tierras indecisas que no sé a qué lugar me llevarán ni cuánto durarán, pero quizás ya sea tarde para retroceder. Sólo queda estancarme donde estoy y esperar a que el suelo enfríe y endurezca o seguir inciertamente los pasos de cada latido.
Sé que nada dura para siempre y que podré tropezar, caerme, lastimarme e incluso, con algo de suerte, podré encontrar algo de estabilidad en estas tierras, pero no soy un cobarde y prefiero arriesgar, aun sin ser seguro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario