martes, 13 de diciembre de 2011

Triskel

Y si de alquimia se tratara, mi universo estaría compuesto por tres sustancias elementales: la mente, el cuerpo y el alma. Sustancias que a lo largo de este proceso de transformación debemos ir equilibrando, cuidando y cultivando.
Sentimos, pensamos y expresamos.
 Son tres fuerzas a veces incontrolables, contradictorias, inestables. Son fuerzas que siempre y por impulso intentarán dominase entre ellas, creando juicios de valor entre la razón y la energía, anulando o incentivando acciones, alterando y modificando de a poco ese universo que nos conforma.
Qué importantes que son los cambios.  Son enriquecedores al mil por ciento.
Todo es crecimiento y evolución, es tener la posibilidad y libertad de poder ir puliendo esas aristas que sobresalen, intentando conseguir armonía y equilibro a través del conocimiento que nos brinda la experiencia y el aprendizaje.
Ése aprendizaje es constante y es perpetuo.
Jamás, en ningún segundo, estamos exentos de aprender algo nuevo y diferente, algo que nos haga sentir un "click" interno por más mínimo que haya sonado. Debemos estar siempre receptivos porque cada momento y cada situación nos hará reflexionar, nos hará sentir y también reaccionar.
[ Entendí también que si la boca calla un pensamiento, ese pensamiento se transforma en sentimiento y el cuerpo va a ser su nueva vía de expresión.]
 El tiempo también nos enseña y nos conforma.
 La trilogía "Pasado, Presente y Futuro" es otro elemento fundamental en nosotros, pero es en su transcurso donde iremos aprendiendo, creciendo y creándonos a nosotros mismos.
Relativamente, nunca somos ni dejamos de ser. Porque nuestro universo actual se construye y se basa en nuestro pasado y nuestra historia, nunca nos despegamos de ese "yo" que fuimos y que hoy nos hace ser. Del mismo modo sucede que en el "actual yo" se encuentra despertando y creciendo lo que inmediatamente después lleguemos a ser, alimentándolo inconscientemente a pasos agigantados.





(Publicado 13/12/11 - Editado 18/07/2017)

martes, 6 de diciembre de 2011

Nothing lasts forever..

Caminaba sobre tierras firmes y seguras, disfrutando de cada paso al andar. Y a pesar de estar conforme con el suelo que pisaba, con cada paso que daba, me fui acercando a límites y fronteras marcadas.
Sabía que esas fronteras no se debían cruzar, pero sin querer y a causa del placer, avanzé. 



Ahora estoy un poco desorientado, no hay firmeza bajo mis pies, son tierras indecisas que no sé a qué lugar me llevarán ni cuánto durarán, pero quizás ya sea tarde para retroceder. Sólo queda estancarme donde estoy y esperar a que el suelo enfríe y endurezca o seguir inciertamente los pasos de cada latido.

Sé que nada dura para siempre y que podré tropezar, caerme, lastimarme e incluso, con algo de suerte, podré encontrar algo de estabilidad en estas tierras, pero no soy un cobarde y prefiero arriesgar, aun sin ser seguro.